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viernes, 28 de enero de 2011
Huelga en UPR causante directo del aumento en la criminalidad
Por Carlos Diaz
Ex- Senador y Representante
Desde que comenzaron las manifestaciones en la UPR la tendencia de aumento en la criminalidad se ha duplicado casi dos veces y media. Durante este mes de enero es cuando mas hemos observado ese aumento. La razon, la utilizacion de recursos extraordinarios para garantizar el cumplimiento de la ley y el orden en el mayor sistema de educacion universitaria de la Isla.
El gobierno le garantizo espacio para manifestaciones durante los primeros siete meses y todo se le salio de control a los lideres estudiantiles cuando permitieron cambiar su agenda, de una perfectamente legitima, de protestar, con razon o no, por el aumento de la matricula, por una agenda politica e ideologica.
En ese momento el estado se vio forzado a garantizarle la seguridad a los estudiantes, que representan la mayoria, con mayor interes en estudiar que dedicarse a la politica.
Recordemos los actos vandalicos que ocurrieron contra la propiedad de la universidad recientemente, por cierto, muy parecidos y con los mismos protagonistas politicos, que ocurrieron en Vieques durante la tarde y la noche del dia en que salio la marina de los Estados Unidos la Isla Nena.
Esto a representado una inversion de recursos policiacos a traves de todo Puerto Rico.
Lo que se traduce en que mientras la uniformada siga viendose forzada a actuar como niñera de los estudiantes malcriados e irresponsables, como vimos ayer en el capitolio, los otros criminales seguiran campeando por su respeto, lo que hace responsables directo a los estudiantes por el aumento directo en el alza en la criminalidad de nuestra patria.
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jueves, 27 de enero de 2011
Cuando se Pierde la Batalla y se Juega la Guerra
Por Gabriel E. Laborde
Ex- Presidente del CGE - UPR - Río Piedras
No todas las batallas terminan costando la guerra, pero algunas si.
Cuando salimos en junio de aquella batalla de dos meses en junio, se salió con una victoria que en nada tiene que ver con la cuota que retrasamos ni la certificación que derogamos, si no con la imagen de los estudiantes. Anteriormente he abundado sobre esa imagen de un estudiante pacífico, que resistió a la provocación y que supo condenar las cosas que había que condenar.
En diciembre se decidió iniciar otra batalla a pesar de las considerables grietas provocadas por la manera en que parte del denominado liderato estudiantil buscó impulsar su agenda. Estas tácticas consistieron de aislar las personas que diferían y pintarlas como el enemigo consiguiendo que en ocasiones pareciera que estaban del otro lado, cosa que puso apáticos a muchos estudiantes y consiguió molestar otros. Eventualmente se siguió adelante con esa segunda batalla.
Ya se ha hablado mucho sobre las fallas de esa segunda batalla. Ante la imagen negativa con la que se veía a los huelguistas tras la manera tan atropellada en la que se impuso e implanto el paro y la huelga, el país despierta con las imágenes de los encapuchados rompiendo cristales, tirando pupitres a la calle y el liderato del paro justificando la violencia. El paro terminó y la segunda batalla tomó un giro inesperado, las acciones, que nuevamente insisto fueron justificadas por el liderato del paro, llevaron a la administración y el gobierno a tener la perfecta excusa para que la policía entrara y así fue.
Ante un recinto que parecía cualquier ciudad iraquí en el 2005, una semana después empezó de lleno la segunda batalla cuando los estudiantes comenzaron a protestar dentro del recinto. La imagen del estudiante en la huelga siguió decayendo, irrumpieron en salones de clases a tirar bombas de humo y provocaron motines durante los últimos días de clase del 2010. El liderato estudiantil justificó las acciones y la presencia de encapuchados, siguió decayendo la imagen de los estudiantes.
El año termino pero el semestre no, y a la continuación de este a principios de enero el liderato de la huelga permitió que encapuchados con escudos improvisados encabezaran otra manifestación que termino en un motín en el Centro de Estudiantes. Esas fotografías no fueron nada bonitas y consiguieron recordarle a todos lo que muchos habían olvidado de los últimos días de clase de diciembre. La imagen de los estudiantes toco fondo sin posibilidades de recuperarse y fue ahí finalmente que los lideres de esta huelga se dieron cuenta que iban por mal camino, que habían jugado todas las fichas mal, que le dieron a la administración lo que quería, que entregaron la universidad en bandeja de plata al gobierno y que destruyeron todo por lo que miles de estudiantes antes que ellos habían luchado y ya era tarde.
Fue precisamente cuando ya era tarde que decidieron cambiar la estrategia, cuando ya había pasado tiempo y cuando la opinión pública los tenía por el piso. Las tácticas usadas en las pasadas semanas no han logrado nada más allá de arrestos y parecería la reacción de un grupo desesperado, tirando lo que les queda. A pesar de que si, en efecto hay muchos molestos con el gobierno, también miran con desprecio las tácticas utilizadas por los estudiantes que más allá de molestar la policía y demostrar sus a veces absurdas tácticas y medidas, afectan a ciudadanos comunes y corrientes que nada tienen que ver con el gobierno.
En resumen, durante esta batalla no solo les impusieron la cuota, si no que no supieron fiscalizar la repartición de los $30,000,000 de la legislatura cuando lo que procedía era buscar que se repartieran de la manera indicada (que en última instancia no fue así). To top that off se ha perdido el apoyo de la opinión pública, la tradición del campus sin policía y se ha ganado que el gobierno impulse una reforma universitaria, mientras el llamado movimiento estudiantil (que interesantemente incluye personas que no son estudiantes y excluye a muchos estudiantes) excluye al estudiante que difiera y lo pinta como que es “pro-administración”.
Pero el movimiento estudiantil sigue dando la lucha y peleando una batalla en la que ya no hay nada que ganar pero mucho que perder. ¿Qué se puede perder? Pues en el párrafo anterior se menciona que el gobierno impulsara una reforma universitaria y si se sigue gastando fuerzas en esta batalla perdida, en donde se sigue perdiendo terreno constantemente, no quedarán fuerzas para esa batalla que tan importante será.
Hace tiempo la huelga debió acabar, pues desde el principio fue un fiasco, pero ahora que ya no queda nada, que miles pagaron la cuota, que se repartieron los $30,000,000, es hora de dejar las armas, aceptar la derrota y trabajar por el futuro.
El futuro traerá un gran reto, pues hay que construir esas rupturas entre estudiantes creadas por el afán de un sector de impulsar una huelga, en donde insultaron compañeros, irrumpieron sus clases, los aislaron, los acusaron de traidores. El liderato estudiantil no puede seguir promoviendo la división y la intolerancia y mucho menos puede ser eco de ella. Las actitudes que se vieron antes y durante la huelga tienen que desaparecer en pro de la unión. Mucho se promueve la diversidad, pero aparentaría que son enemigos de la diversidad de opiniones y eso solo ayuda a la destrucción y el fracaso que hemos visto en los últimos dos meses.
Estará presente el reto de volver a construir una imagen pública positiva, el cual no será fácil, pero a la cual la reconciliación del estudiantado ayudará. Esa imagen no se va a reconstruir a través de desobediencia civil ni de protestas, si no de propuestas que no sean opacadas por la violencia, de cabildeo que no sea opacado por el descontrol y por diálogo y comunicación que no sea opacado por las amenazas.
Junto a eso, el movimiento tendrá unas preguntas finales. ¿Dejaremos que nuevamente organizaciones políticas vengan con las fracasadas tácticas y propuestas de afuera y las impongan sobre los estudiantes? (Ver: Juventudes Socialistas, Organización de; y Socialista Internacional, Organización). ¿Dejaremos nuevamente que los mismos estudiantes que llevaron esta batalla a su fracaso, lideren la próxima? ¿Adoptaremos las mismas tácticas que fracasaron? ¿Volveremos a recurrir a la violencia y la confrontación?
Honestamente, creo que la próxima vez debemos optar por la organización y la diplomacia, excluyendo las organizaciones políticas, la violencia y el exclusivismo que se ha apoderado del movimiento estudiantil. Solo así podremos asegurarnos que esa próxima batalla haga bien y no mal, construya y no destruya.
Ex- Presidente del CGE - UPR - Río Piedras
No todas las batallas terminan costando la guerra, pero algunas si.
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| Foto: Archivo: ENDI |
En diciembre se decidió iniciar otra batalla a pesar de las considerables grietas provocadas por la manera en que parte del denominado liderato estudiantil buscó impulsar su agenda. Estas tácticas consistieron de aislar las personas que diferían y pintarlas como el enemigo consiguiendo que en ocasiones pareciera que estaban del otro lado, cosa que puso apáticos a muchos estudiantes y consiguió molestar otros. Eventualmente se siguió adelante con esa segunda batalla.
Ya se ha hablado mucho sobre las fallas de esa segunda batalla. Ante la imagen negativa con la que se veía a los huelguistas tras la manera tan atropellada en la que se impuso e implanto el paro y la huelga, el país despierta con las imágenes de los encapuchados rompiendo cristales, tirando pupitres a la calle y el liderato del paro justificando la violencia. El paro terminó y la segunda batalla tomó un giro inesperado, las acciones, que nuevamente insisto fueron justificadas por el liderato del paro, llevaron a la administración y el gobierno a tener la perfecta excusa para que la policía entrara y así fue.
Ante un recinto que parecía cualquier ciudad iraquí en el 2005, una semana después empezó de lleno la segunda batalla cuando los estudiantes comenzaron a protestar dentro del recinto. La imagen del estudiante en la huelga siguió decayendo, irrumpieron en salones de clases a tirar bombas de humo y provocaron motines durante los últimos días de clase del 2010. El liderato estudiantil justificó las acciones y la presencia de encapuchados, siguió decayendo la imagen de los estudiantes.
El año termino pero el semestre no, y a la continuación de este a principios de enero el liderato de la huelga permitió que encapuchados con escudos improvisados encabezaran otra manifestación que termino en un motín en el Centro de Estudiantes. Esas fotografías no fueron nada bonitas y consiguieron recordarle a todos lo que muchos habían olvidado de los últimos días de clase de diciembre. La imagen de los estudiantes toco fondo sin posibilidades de recuperarse y fue ahí finalmente que los lideres de esta huelga se dieron cuenta que iban por mal camino, que habían jugado todas las fichas mal, que le dieron a la administración lo que quería, que entregaron la universidad en bandeja de plata al gobierno y que destruyeron todo por lo que miles de estudiantes antes que ellos habían luchado y ya era tarde.
Fue precisamente cuando ya era tarde que decidieron cambiar la estrategia, cuando ya había pasado tiempo y cuando la opinión pública los tenía por el piso. Las tácticas usadas en las pasadas semanas no han logrado nada más allá de arrestos y parecería la reacción de un grupo desesperado, tirando lo que les queda. A pesar de que si, en efecto hay muchos molestos con el gobierno, también miran con desprecio las tácticas utilizadas por los estudiantes que más allá de molestar la policía y demostrar sus a veces absurdas tácticas y medidas, afectan a ciudadanos comunes y corrientes que nada tienen que ver con el gobierno.
En resumen, durante esta batalla no solo les impusieron la cuota, si no que no supieron fiscalizar la repartición de los $30,000,000 de la legislatura cuando lo que procedía era buscar que se repartieran de la manera indicada (que en última instancia no fue así). To top that off se ha perdido el apoyo de la opinión pública, la tradición del campus sin policía y se ha ganado que el gobierno impulse una reforma universitaria, mientras el llamado movimiento estudiantil (que interesantemente incluye personas que no son estudiantes y excluye a muchos estudiantes) excluye al estudiante que difiera y lo pinta como que es “pro-administración”.
Pero el movimiento estudiantil sigue dando la lucha y peleando una batalla en la que ya no hay nada que ganar pero mucho que perder. ¿Qué se puede perder? Pues en el párrafo anterior se menciona que el gobierno impulsara una reforma universitaria y si se sigue gastando fuerzas en esta batalla perdida, en donde se sigue perdiendo terreno constantemente, no quedarán fuerzas para esa batalla que tan importante será.
Hace tiempo la huelga debió acabar, pues desde el principio fue un fiasco, pero ahora que ya no queda nada, que miles pagaron la cuota, que se repartieron los $30,000,000, es hora de dejar las armas, aceptar la derrota y trabajar por el futuro.
El futuro traerá un gran reto, pues hay que construir esas rupturas entre estudiantes creadas por el afán de un sector de impulsar una huelga, en donde insultaron compañeros, irrumpieron sus clases, los aislaron, los acusaron de traidores. El liderato estudiantil no puede seguir promoviendo la división y la intolerancia y mucho menos puede ser eco de ella. Las actitudes que se vieron antes y durante la huelga tienen que desaparecer en pro de la unión. Mucho se promueve la diversidad, pero aparentaría que son enemigos de la diversidad de opiniones y eso solo ayuda a la destrucción y el fracaso que hemos visto en los últimos dos meses.
Estará presente el reto de volver a construir una imagen pública positiva, el cual no será fácil, pero a la cual la reconciliación del estudiantado ayudará. Esa imagen no se va a reconstruir a través de desobediencia civil ni de protestas, si no de propuestas que no sean opacadas por la violencia, de cabildeo que no sea opacado por el descontrol y por diálogo y comunicación que no sea opacado por las amenazas.
Junto a eso, el movimiento tendrá unas preguntas finales. ¿Dejaremos que nuevamente organizaciones políticas vengan con las fracasadas tácticas y propuestas de afuera y las impongan sobre los estudiantes? (Ver: Juventudes Socialistas, Organización de; y Socialista Internacional, Organización). ¿Dejaremos nuevamente que los mismos estudiantes que llevaron esta batalla a su fracaso, lideren la próxima? ¿Adoptaremos las mismas tácticas que fracasaron? ¿Volveremos a recurrir a la violencia y la confrontación?
Honestamente, creo que la próxima vez debemos optar por la organización y la diplomacia, excluyendo las organizaciones políticas, la violencia y el exclusivismo que se ha apoderado del movimiento estudiantil. Solo así podremos asegurarnos que esa próxima batalla haga bien y no mal, construya y no destruya.
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jueves, 13 de enero de 2011
La UPR que todos queremos
13 Enero 2011
LA UPR QUE TODOS QUEREMOS
Luis G. Fortuño
Gobernador de Puerto Rico
No obstante los deplorables actos de violencia perpetrados esta semana por un pequeño grupo de estudiantes encapuchados, estoy plenamente convencido de que trabajando juntos y de buena fe, todos habremos de salir airosos de la presente situación que aqueja a la Universidad de Puerto Rico. Más aún, desde ahora tenemos que empezar a trabajar en la UPR que todos queremos: un centro docente de primer orden, comparable con los mejores del mundo.
Una universidad donde nuestros investigadores puedan investigar y sus descubrimientos alcancen reconocimiento mundial… Donde nuestros profesores puedan enseñar y preparar a nuestra juventud… y donde nuestros estudiantes puedan estudiar y el premio máximo de sus esfuerzos sea la libertad de poder forjar su propio futuro.
Para ello, en los próximos días nombraré una Comisión Asesora de individuos del mayor calibre académico, solvencia moral y peritaje gerencial para que estudien y nos presenten recomendaciones para construir, si hiciere falta desde sus cimientos, la UPR que todos queremos.
Si algo nos ha demostrado el presente conflicto universitario es que la UPR, como está constituida y gobernada hoy en día, no funciona o funciona pobremente.
Tómese, por ejemplo, la bien intencionada idea de la fórmula presupuestaria. El presupuesto de la UPR se sufraga con un por ciento fijo de 9.6% del Fondo General del estado con el fin de proteger a la UPR contra posibles acciones arbitrarias del Ejecutivo o la Legislatura al asignarle el presupuesto. Eso le funciona bien a la UPR siempre y cuando los ingresos del Fondo General crezcan todos los años. Pero, ¿qué pasó cuando los ingresos totales del gobierno empezaron a mermar durante la pasada administración como resultado del desastre económico? Pues que los fondos para la UPR, que son por fórmula fija, también bajaron.
Uno hubiera esperado que administradores universitarios responsables hubiesen tomado las medidas necesarias para recortar los gastos y ajustarse los pantalones, como lo han tenido que hacer todas las familias puertorriqueñas durante la pasada “Década Perdida”… pero no lo hicieron.
Aunque los responsables no lo quieran admitir o les moleste que se lo recordemos, la raíz de la actual crisis financiera de la UPR fue el déficit que acumuló la administración anterior al negarse a hacer los ajustes necesarios cuando su presupuesto por fórmula se redujo.
Ante el déficit de $3,300 millones dejado por la pasada administración, estabilizar nuestras finanzas y reconstruir la economía de Puerto Rico ha sido tarea compartida de todo nuestro pueblo. Nuestra gente y todas las dependencias del gobierno han hecho sus recortes.
En el 2009, yo reduje el salario del Gobernador en 10%, y a los secretarios de gabinete en 5%. Hemos recortado los gastos del gobierno un promedio del 20%. Recortamos en 30% las posiciones de confianza, en 15% los contratos totales del gobierno, eliminamos viajes, tarjetas de crédito y flotas de vehículos.
Sin embargo, a la Universidad le dimos más fondos. El año fiscal pasado le asigné $105 millones adicionales a lo que le tocaba por fórmula a la UPR. Pero le advertí claramente al presidente anterior, García Padilla, que tenía que hacer los recortes y ajustes necesarios porque esa asignación de fondos de ARRA bajaba a $25 millones este año y luego se acabaría, pues era una partida de fondos federales no recurrentes.
Posteriormente vinieron a donde mí con un sinnúmero de propuestas para aumentarles las contribuciones al Pueblo -propuestas que el ex presidente de la Junta de Síndicos en este mismo espacio llamó “alternativas socialmente preventivas”, que en arroz y habichuelas quiere decir que querían que yo subiera los impuestos a los refrescos y a los vehículos de motor. Pues yo, sencillamente, les dije que no… que no le iba a imponer un impuesto más a nuestra gente y que la UPR, al igual que el gobierno, tiene que hacer como la familia puertorriqueña: vivir con los ingresos que tiene.
Esto no es cuestión de demagógicamente decir que la Universidad debe verse como una inversión, no como un gasto. Por supuesto que es una inversión. Todos estamos de acuerdo con eso. Pero aún las inversiones hay que manejarlas responsablemente. Y los que estuvieron antes no lo hicieron.
El 81% de los gastos de la Universidad lo pagamos nosotros los contribuyentes y el gobierno federal. En promedio, la UPR le cuesta más de $700 al año a cada contribuyente en Puerto Rico.
¿Cree usted, amigo lector, que deberíamos subirle a usted las contribuciones un poco más para dárselo a la UPR? ¿O piensa usted que deben ser los estudiantes y sus padres, con todas las ayudas que les estamos dando, quienes aporten un poco más?
Independientemente de si usted considera que estudiar en la UPR es un derecho o un privilegio, lo cierto es que decenas de miles de jóvenes que no pueden estudiar en la Universidad del estado se fajan estudiando responsablemente y pagando tres veces más en universidades privadas.
En el año fiscal pasado, cada estudiante recibió en promedio $4,082 en Becas Pell del gobierno federal; $1,320 para pagar la matrícula y otros $2,762 que le sobran al estudiante para otros gastos.
Más aún, el Congreso aumentó las Becas Pell en $1,200 a $5,550 al año para que los estudiantes pudieran afrontar los aumentos en costos de estudios universitarios en toda la nación.
La actual administración universitaria ha sido bien cuidadosa en imponer la carga económica más liviana posible al estudiantado, como es el caso de la cuota especial de $400 al semestre.
La excusa de la cuota es sólo eso, una excusa que utilizan los que prefieren el tranque y la confrontación. Todos los estudiantes, especialmente los de menos recursos, tienen un número de opciones para poder pagar la cuota: (1) la Beca Pell; (2) el programa local de becas de $30 millones adicionales; (3) un nuevo programa de Estudio y Trabajo con $1.7 millones en fondos federales para ampliar el existente; (4) los préstamos estudiantiles garantizados por el gobierno federal; y (5) un crédito de $1,000 en la planilla correspondiente a gastos universitarios.
Y como si eso no fuera suficiente, la administración de la Universidad les ha hecho posible a los estudiantes pagar la cuota semestralmente en cinco plazos de $80 cada uno.
Seamos honestos, los estudiantes tienen opciones para cubrir la cuota. Prueba de ello son los miles de estudiantes que ya se han registrado y pagado la cuota para el próximo semestre. Confiemos que el espíritu de diálogo que hemos propiciado rinda frutos y que, superada la presente situación, todos nos podamos dar pronto a la tarea de construir la UPR que queremos.
LA UPR QUE TODOS QUEREMOS
Luis G. Fortuño
Gobernador de Puerto Rico
No obstante los deplorables actos de violencia perpetrados esta semana por un pequeño grupo de estudiantes encapuchados, estoy plenamente convencido de que trabajando juntos y de buena fe, todos habremos de salir airosos de la presente situación que aqueja a la Universidad de Puerto Rico. Más aún, desde ahora tenemos que empezar a trabajar en la UPR que todos queremos: un centro docente de primer orden, comparable con los mejores del mundo.
Una universidad donde nuestros investigadores puedan investigar y sus descubrimientos alcancen reconocimiento mundial… Donde nuestros profesores puedan enseñar y preparar a nuestra juventud… y donde nuestros estudiantes puedan estudiar y el premio máximo de sus esfuerzos sea la libertad de poder forjar su propio futuro.
Para ello, en los próximos días nombraré una Comisión Asesora de individuos del mayor calibre académico, solvencia moral y peritaje gerencial para que estudien y nos presenten recomendaciones para construir, si hiciere falta desde sus cimientos, la UPR que todos queremos.
Si algo nos ha demostrado el presente conflicto universitario es que la UPR, como está constituida y gobernada hoy en día, no funciona o funciona pobremente.
Tómese, por ejemplo, la bien intencionada idea de la fórmula presupuestaria. El presupuesto de la UPR se sufraga con un por ciento fijo de 9.6% del Fondo General del estado con el fin de proteger a la UPR contra posibles acciones arbitrarias del Ejecutivo o la Legislatura al asignarle el presupuesto. Eso le funciona bien a la UPR siempre y cuando los ingresos del Fondo General crezcan todos los años. Pero, ¿qué pasó cuando los ingresos totales del gobierno empezaron a mermar durante la pasada administración como resultado del desastre económico? Pues que los fondos para la UPR, que son por fórmula fija, también bajaron.
Uno hubiera esperado que administradores universitarios responsables hubiesen tomado las medidas necesarias para recortar los gastos y ajustarse los pantalones, como lo han tenido que hacer todas las familias puertorriqueñas durante la pasada “Década Perdida”… pero no lo hicieron.
Aunque los responsables no lo quieran admitir o les moleste que se lo recordemos, la raíz de la actual crisis financiera de la UPR fue el déficit que acumuló la administración anterior al negarse a hacer los ajustes necesarios cuando su presupuesto por fórmula se redujo.
Ante el déficit de $3,300 millones dejado por la pasada administración, estabilizar nuestras finanzas y reconstruir la economía de Puerto Rico ha sido tarea compartida de todo nuestro pueblo. Nuestra gente y todas las dependencias del gobierno han hecho sus recortes.
En el 2009, yo reduje el salario del Gobernador en 10%, y a los secretarios de gabinete en 5%. Hemos recortado los gastos del gobierno un promedio del 20%. Recortamos en 30% las posiciones de confianza, en 15% los contratos totales del gobierno, eliminamos viajes, tarjetas de crédito y flotas de vehículos.
Sin embargo, a la Universidad le dimos más fondos. El año fiscal pasado le asigné $105 millones adicionales a lo que le tocaba por fórmula a la UPR. Pero le advertí claramente al presidente anterior, García Padilla, que tenía que hacer los recortes y ajustes necesarios porque esa asignación de fondos de ARRA bajaba a $25 millones este año y luego se acabaría, pues era una partida de fondos federales no recurrentes.
Posteriormente vinieron a donde mí con un sinnúmero de propuestas para aumentarles las contribuciones al Pueblo -propuestas que el ex presidente de la Junta de Síndicos en este mismo espacio llamó “alternativas socialmente preventivas”, que en arroz y habichuelas quiere decir que querían que yo subiera los impuestos a los refrescos y a los vehículos de motor. Pues yo, sencillamente, les dije que no… que no le iba a imponer un impuesto más a nuestra gente y que la UPR, al igual que el gobierno, tiene que hacer como la familia puertorriqueña: vivir con los ingresos que tiene.
Esto no es cuestión de demagógicamente decir que la Universidad debe verse como una inversión, no como un gasto. Por supuesto que es una inversión. Todos estamos de acuerdo con eso. Pero aún las inversiones hay que manejarlas responsablemente. Y los que estuvieron antes no lo hicieron.
El 81% de los gastos de la Universidad lo pagamos nosotros los contribuyentes y el gobierno federal. En promedio, la UPR le cuesta más de $700 al año a cada contribuyente en Puerto Rico.
¿Cree usted, amigo lector, que deberíamos subirle a usted las contribuciones un poco más para dárselo a la UPR? ¿O piensa usted que deben ser los estudiantes y sus padres, con todas las ayudas que les estamos dando, quienes aporten un poco más?
Independientemente de si usted considera que estudiar en la UPR es un derecho o un privilegio, lo cierto es que decenas de miles de jóvenes que no pueden estudiar en la Universidad del estado se fajan estudiando responsablemente y pagando tres veces más en universidades privadas.
En el año fiscal pasado, cada estudiante recibió en promedio $4,082 en Becas Pell del gobierno federal; $1,320 para pagar la matrícula y otros $2,762 que le sobran al estudiante para otros gastos.
Más aún, el Congreso aumentó las Becas Pell en $1,200 a $5,550 al año para que los estudiantes pudieran afrontar los aumentos en costos de estudios universitarios en toda la nación.
La actual administración universitaria ha sido bien cuidadosa en imponer la carga económica más liviana posible al estudiantado, como es el caso de la cuota especial de $400 al semestre.
La excusa de la cuota es sólo eso, una excusa que utilizan los que prefieren el tranque y la confrontación. Todos los estudiantes, especialmente los de menos recursos, tienen un número de opciones para poder pagar la cuota: (1) la Beca Pell; (2) el programa local de becas de $30 millones adicionales; (3) un nuevo programa de Estudio y Trabajo con $1.7 millones en fondos federales para ampliar el existente; (4) los préstamos estudiantiles garantizados por el gobierno federal; y (5) un crédito de $1,000 en la planilla correspondiente a gastos universitarios.
Y como si eso no fuera suficiente, la administración de la Universidad les ha hecho posible a los estudiantes pagar la cuota semestralmente en cinco plazos de $80 cada uno.
Seamos honestos, los estudiantes tienen opciones para cubrir la cuota. Prueba de ello son los miles de estudiantes que ya se han registrado y pagado la cuota para el próximo semestre. Confiemos que el espíritu de diálogo que hemos propiciado rinda frutos y que, superada la presente situación, todos nos podamos dar pronto a la tarea de construir la UPR que queremos.
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domingo, 26 de diciembre de 2010
¿Política de 'No- Confrontación' o 'Derecho Exclusivo a la Confrontación'?
¿Política de 'No- Confrontación' o 'Derecho Exclusivo a la Confrontación'?
Por: Josué E. Rivera
Para: El Vocero / Opinión, Página 32
Jueves 2 de diciembre de 2010
Durante los próximos días se celebraran en distintos recintos de la Universidad de Puerto Rico varias asambleas generales de estudiantes y con ellas regresan los aires de huelga a dicha institución. En el pasado este tipo de evento ha resultado en la paralización parcial o total de las actividades académicas y administrativas en la mayoría de las unidades de la UPR.
No obstante, dicha paralización no necesariamente ha sido provocada por una amplia participación en las protestas estudiantiles, sino porque la administración universitaria tan pronto se decreta una huelga suele decretar un receso en las labores y cede el control de los recintos a los grupos en protestas. Ello, según las propias autoridades universitarias, para respetar una supuesta política de no-confrontación. Sin embargo, como expondremos en este artículo, las actuaciones en los pasados conflictos universitarios tanto de los estudiantes como de las autoridades universitarias no son compatibles con una verdadera política de no-confrontación.
La política de no-confrontación debe ser un entendido entre todos los componentes de la comunidad universitaria para que sus conflictos sean resueltos mediante el dialogo y sin usar la confrontación o la violencia. Una verdadera política de no-confrontación requeriría que los estudiantes en huelga –manteniendo los portones abiertos- intentaran mediante el dialogo persuadir al resto de la comunidad universitaria de no entrar al recinto y unirse a su manifestación. No obstante, si luego de dialogar las personas insisten en entrar, el universitario en huelga no las debe “confrontar” y debe permitirles el paso. Evidentemente, eso no es lo que ha estado sucediendo en el pasado en la UPR. Por el contrario, en el último conflicto universitario, los estudiantes en huelga usaron la fuerza física en contra de los guardias universitarios para cerrar los portones y luego, de forma consistente, intimidaron e insultaron a todo aquel queno estaba de acuerdo con ellos e intentaba entrar a las recintos universitarios.
A pesar de estas actuaciones violentas e intimidantes, tan pronto algún otro componente de la comunidad universitaria habla de usar los medios disponibles al Estado para proteger los derechos de los que no están en huelga, los que llevan a cabo las manifestaciones invocan la “política de no-confrontación”. Dicho proceder, además de contradictorio y acomodaticio, resulta insultante a la inteligencia de este Pueblo. Es como si dos personas tuvieran un conflicto y uno le propina un golpe al otro pero cuando el segundo se dispone a defenderse el primero enarbola una bandera blanca e invoca la “política de no-confrontación”. Evidentemente, para los estudiantes en huelga la “política de no-confrontación” les aplica a todo el mundo menos a ellos. A su entender, poseen el derecho exclusivo de confrontar e intimidar, pero los demás miembros de la comunidad universitaria no pueden siquiera usar los medios coercitivos disponibles al Estado para defender sus reclamos. Así interpretada la mal llamada “política de no-confrontación” es realmente el reconocimiento de un derecho exclusivo de unos grupos para confrontar.
Nadie en Puerto Rico quiere ver enfrentamientos violentos entre distintos miembros de la comunidad universitaria o entre algún sector de ésta y la Policía. No obstante, la ausencia de conflictos violentos en la universidad sólo es posible si todos los miembros de la comunidad universitaria renuncian al uso de la intimidación y la violencia. Sólo así se hace innecesaria la intervención de otros elementos del Estado. Si, por el contrario, validamos el derecho exclusivo de unos grupos para confrontar,sancionaríamos la actitud del más “guapo’” y del que usa la fuerza en perjuicio de los demás. Cuando permitimos que un grupo abuse de otro y “miramos hacia el otro lado” para pasar por alto la violencia física, verbal y la intimidación, claudicamos la responsabilidad elemental de mantener el orden social y proteger los derechos de todos los ciudadanos. Si bien el Estado debe fomentar y respetar una verdadera política de no-confrontación, éste no puede permitir la tiraníade un grupo por medio del reconocimiento oficial del uso exclusivo de la violencia y la intimidación.
¡Que nadie se confunda! Mi llamado no es a abolir una verdadera “política de no-confrontación”, ni un llamado al Estado a intervenir indiscriminadamente en los conflictos universitarios. Mi llamado es, más bien, a la comunidad universitaria para que demuestre que puede resolver sus conflictos sin el uso de la violencia o la intimidación en cualquiera de sus modalidades. Los estudiantes deben entender que nadie tiene derecho a un uso exclusivo de la confrontación y que aquel que usa la violencia, ya sea física o verbal, se aleja del espíritu universitario que debe guiar una verdadera “política de no-confrontación”. Espero que el espíritu de una verdadera política de no-confrontación se haga sentir durante los próximos días en nuestra querida UPR.
Rivera, Josué, E. (December 2, 2010). "¿Política de 'No- Confrontación' o 'Derecho Exclusivo a la Confrontación'?", El Vocero. p. 32.
Por: Josué E. Rivera
Para: El Vocero / Opinión, Página 32
Jueves 2 de diciembre de 2010
Durante los próximos días se celebraran en distintos recintos de la Universidad de Puerto Rico varias asambleas generales de estudiantes y con ellas regresan los aires de huelga a dicha institución. En el pasado este tipo de evento ha resultado en la paralización parcial o total de las actividades académicas y administrativas en la mayoría de las unidades de la UPR.
No obstante, dicha paralización no necesariamente ha sido provocada por una amplia participación en las protestas estudiantiles, sino porque la administración universitaria tan pronto se decreta una huelga suele decretar un receso en las labores y cede el control de los recintos a los grupos en protestas. Ello, según las propias autoridades universitarias, para respetar una supuesta política de no-confrontación. Sin embargo, como expondremos en este artículo, las actuaciones en los pasados conflictos universitarios tanto de los estudiantes como de las autoridades universitarias no son compatibles con una verdadera política de no-confrontación.
La política de no-confrontación debe ser un entendido entre todos los componentes de la comunidad universitaria para que sus conflictos sean resueltos mediante el dialogo y sin usar la confrontación o la violencia. Una verdadera política de no-confrontación requeriría que los estudiantes en huelga –manteniendo los portones abiertos- intentaran mediante el dialogo persuadir al resto de la comunidad universitaria de no entrar al recinto y unirse a su manifestación. No obstante, si luego de dialogar las personas insisten en entrar, el universitario en huelga no las debe “confrontar” y debe permitirles el paso. Evidentemente, eso no es lo que ha estado sucediendo en el pasado en la UPR. Por el contrario, en el último conflicto universitario, los estudiantes en huelga usaron la fuerza física en contra de los guardias universitarios para cerrar los portones y luego, de forma consistente, intimidaron e insultaron a todo aquel queno estaba de acuerdo con ellos e intentaba entrar a las recintos universitarios.
A pesar de estas actuaciones violentas e intimidantes, tan pronto algún otro componente de la comunidad universitaria habla de usar los medios disponibles al Estado para proteger los derechos de los que no están en huelga, los que llevan a cabo las manifestaciones invocan la “política de no-confrontación”. Dicho proceder, además de contradictorio y acomodaticio, resulta insultante a la inteligencia de este Pueblo. Es como si dos personas tuvieran un conflicto y uno le propina un golpe al otro pero cuando el segundo se dispone a defenderse el primero enarbola una bandera blanca e invoca la “política de no-confrontación”. Evidentemente, para los estudiantes en huelga la “política de no-confrontación” les aplica a todo el mundo menos a ellos. A su entender, poseen el derecho exclusivo de confrontar e intimidar, pero los demás miembros de la comunidad universitaria no pueden siquiera usar los medios coercitivos disponibles al Estado para defender sus reclamos. Así interpretada la mal llamada “política de no-confrontación” es realmente el reconocimiento de un derecho exclusivo de unos grupos para confrontar.
Nadie en Puerto Rico quiere ver enfrentamientos violentos entre distintos miembros de la comunidad universitaria o entre algún sector de ésta y la Policía. No obstante, la ausencia de conflictos violentos en la universidad sólo es posible si todos los miembros de la comunidad universitaria renuncian al uso de la intimidación y la violencia. Sólo así se hace innecesaria la intervención de otros elementos del Estado. Si, por el contrario, validamos el derecho exclusivo de unos grupos para confrontar,sancionaríamos la actitud del más “guapo’” y del que usa la fuerza en perjuicio de los demás. Cuando permitimos que un grupo abuse de otro y “miramos hacia el otro lado” para pasar por alto la violencia física, verbal y la intimidación, claudicamos la responsabilidad elemental de mantener el orden social y proteger los derechos de todos los ciudadanos. Si bien el Estado debe fomentar y respetar una verdadera política de no-confrontación, éste no puede permitir la tiraníade un grupo por medio del reconocimiento oficial del uso exclusivo de la violencia y la intimidación.
¡Que nadie se confunda! Mi llamado no es a abolir una verdadera “política de no-confrontación”, ni un llamado al Estado a intervenir indiscriminadamente en los conflictos universitarios. Mi llamado es, más bien, a la comunidad universitaria para que demuestre que puede resolver sus conflictos sin el uso de la violencia o la intimidación en cualquiera de sus modalidades. Los estudiantes deben entender que nadie tiene derecho a un uso exclusivo de la confrontación y que aquel que usa la violencia, ya sea física o verbal, se aleja del espíritu universitario que debe guiar una verdadera “política de no-confrontación”. Espero que el espíritu de una verdadera política de no-confrontación se haga sentir durante los próximos días en nuestra querida UPR.
Rivera, Josué, E. (December 2, 2010). "¿Política de 'No- Confrontación' o 'Derecho Exclusivo a la Confrontación'?", El Vocero. p. 32.
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