jueves, 23 de junio de 2011

Aponte revive resolución concurrente radicada por Muñoz Marín

La Resolución Concurrente Núm 1 de 1943,aunque aprobada, no fue implantada hasta sus últimas consecuencias

SAN JUAN - El Rep. José Aponte Hernández radicó hoy la Resolución Concurrente de la Cámara 124 que revive una radicada en 1943 por el Presidente del Senado y fundador del Partido Popular, Luis Muñoz Marín, que aunque fue aprobada de forma unánime por la Asamblea Legislativa, nunca fue implantada.

La Resolución Concurrente Núm. 1 de 1943, tenía el propósito de “plantear ante el Presidente y el Congreso de los Estados Unidos de América el derecho del pueblo de Puerto Rico a que termine el sistema colonial de gobierno y a decidir democráticamente el status político permanente de Puerto Rico a la mayor brevedad posible, si fuere factible inmediatamente”.

Aponte Hernández explicó que, “la realidad histórica de la Resolución Concurrente Núm. 1 fue que, la Segunda Guerra Mundial obligó a que el debate sobre el futuro de Puerto Rico pasara a segundo plano. Sin embargo, el Partido Popular hizo campaña en el 1948 pregonando que se gestionaría al Congreso no sólo la autorización para la redacción de una Constitución, como medida provisional, sino también la celebración de una consulta permanente para que el pueblo decida con sus votos el status político definitivo en la Independencia y la Estadidad”.
“No obstante, durante el proceso de la Asamblea Constituyente, Muñoz Marín se apartó de sus posturas de 1948, lo que ocasionó un éxodo de líderes populares hacia el Partido Socialista, que siempre estuvo firme en su rechazo al sistema colonial y abogó arduamente por un plebiscito entre Independencia y Estadidad”, añadió el ex Presidente de la Cámara de Representantes.

Aponte Hernández hizo referencia a un escrito del ex Senador Vicente Géigel Polanco, un ex legislador del PPD que en 1951 saltó al Partido Independentista precisamente por el cambio de postura de Muñoz Marín.

“(Muñoz Marín) está diciendo que con esta ley damos un gran paso de avance y que hemos creado una forma de "estado especial". Y ese es otro embuste, porque don Luis conoce la carta del Secretario de lo Interior, Osear L. Chapman, la carta del Subsecretario de Estado, Jack K. McFall, y los informes de los comités de la Cámara y el Senado de Estados Unidos que estudiaron esta legislación, y sabe que en todos estos documentos oficiales se hace la rotunda afirmación de que la Ley 600 no altera en lo más mínimo las relaciones políticas, económicas y sociales existentes entre Puerto Rico y Estados Unidos. Y esas relaciones son las que Muñoz Marín llamó con toda propiedad, en 1940, 1942, 1943, 1945 y 1948, sistema colonial de gobierno”, sostiene Géigel Polanco en su escrito, que fue reproducido dentro de la Resolución Concurrente radicada hoy por Aponte Hernández.

Según Aponte Hernández, “la radicación de esta Resolución Concurrente en el día de hoy responde al hecho de que, a estas alturas, no se ha cumplido con lo dispuesto por la Asamblea Legislativa en 1943, y por ende, tenemos esa responsabilidad pendiente, ya que la Constitución colonial como medida provisional atendió parte del mandato legislativo, pero al presente, el segundo asunto, continúa inconcluso: la definición del status de manera definitiva. Por ello, se requiere acción inmediata. Se hace imperativo dar oportunidad a los ciudadanos americanos residentes en Puerto Rico, los electores hábiles, que expresen su preferencia.

“La IGUALDAD requiere acción”, finalizó Aponté Hernández.

miércoles, 22 de junio de 2011

On the Way Forward in Afghanistan

22 de junio, 2011

Declaraciones del Presidente Barack Obama
Sobre el camino por delante en Afganistán
Washington, D.C.
22 de junio, 2011

Buenas noches. Hace casi 10 años, Estados Unidos fue víctima del peor ataque contra nuestras costas desde Pearl Harbor. Este asesinato en masa lo planearon Osama bin Laden y su red de Al Qaida en Afganistán, y representó una nueva amenaza para nuestra seguridad, donde los objetivos ya no eran soldados en el campo de batalla, sino hombres, mujeres y niños inocentes que realizaban sus actividades cotidianas.

En los días posteriores, nuestra nación se unió en torno a la ofensiva que llevamos a cabo en contra de Al Qaida y a medida que derrotamos al Talibán en Afganistán. Luego cambiamos de objetivo. Se inició una segunda guerra en Irak, y derramamos muchísima sangre y gastamos mucho dinero para respaldar al nuevo gobierno allí. Cuando yo asumí el mando, la guerra en Afganistán se encontraba en su séptimo año. Pero los líderes de Al Qaida habían escapado a Pakistán y planeaban ataques nuevos, y mientras tanto, el Talibán se había reagrupado y tomado la ofensiva. Sin una nueva estrategia ni medidas decisivas, nuestros comandantes militares advirtieron que era posible que enfrentáramos el resurgimiento de Al Qaida y el retorno al poder por el Talibán en Afganistán.

Por este motivo, en una de las decisiones más difíciles que he tomado como Presidente, ordené la movilización de 30,000 soldados estadounidenses adicionales a Afganistán. Cuando anuncié este aumento de tropas enWest Point, fijamos objetivos claros: enfocarnos nuevamente en Al Qaida; revertir el ímpetu del Talibán, y capacitar a las fuerzas de seguridad de Afganistán para defender a su propio país. También dejé en claro que nuestro compromiso no era ilimitado y que nuestras tropas comenzarían a regresar a casa en julio de este año.

Esta noche, les puedo decir que hemos cumplido esa promesa. Gracias a nuestros hombres y mujeres de uniforme, nuestro personal civil y los muchos socios de nuestra coalición, hemos cumplido nuestros objetivos. Como resultado, a partir del mes entrante y hasta fines de este año, podremos retirar 10,000 de nuestros soldados de Afganistán, y para el próximo verano, un total de 33,000 soldados podrán haber emprendido el retorno a casa, revirtiendo así del todo el aumento de tropas que anuncié en West Point. Tras esta reducción inicial, nuestros soldados continuarán regresando a casa a paso firme a medida que las fuerzas de seguridad de Afganistán asuman la delantera. Nuestra misión de combate pasará a ser de apoyo. Para el 2014, se concluirá este proceso de transición y el pueblo afgano estará a cargo de su propia seguridad.

Estamos iniciando esta reducción desde una posición de fuerza. Al Qaida está bajo más presión que nunca desde el 11 de septiembre. Junto con los paquistaníes, hemos eliminado a más de la mitad de los líderes de Al Qaida. Y gracias a nuestros profesionales de inteligencia y Fuerzas Especiales, eliminamos a Osama bin Laden, el único líder que Al Qaida conoció jamás. Esta fue una victoria para todos aquellos que han prestado servicios desde el 11 de septiembre. Un soldado lo resumió muy bien. “El mensaje”, dijo, “es que no olvidamos. Haremos que rindan cuentas, sin importar el tiempo que tome”.

La información que recuperamos del complejo de bin Laden indica que Al Qaida enfrenta serias dificultades. Bin Laden expresó inquietud de que Al Qaida no hubiera logrado reemplazar a los terroristas de alta jerarquía que habían sido eliminados y de que Al Qaida hubiera fracasado en su esfuerzo por caracterizar a Estados Unidos como un país en guerra contra el islam, privándola así de respaldo más generalizado. Al Qaida sigue siendo peligroso, y debemos permanecer alerta a ataques. Pero hemos puesto a Al Qaida en el camino a la derrota, y no cejaremos hasta que se concluya la labor.

En Afganistán, hemos causado bajas importantes en el Talibán y hemos tomado varios de sus baluartes. Además de nuestro aumento de tropas, nuestros aliados también han incrementado su compromiso, lo que ha ayudado a darle más estabilidad al país. Las Fuerzas de Seguridad de Afganistán cuentan ahora con más de 100,000 efectivos adicionales, y en algunas provincias y municipalidades, hemos comenzado a entregarle alpueblo afgano la responsabilidad por la seguridad. Ante la violencia e intimidación, los afganos están luchando y muriendo por su país, creando fuerzas policiales locales, abriendo mercados y escuelas, creando oportunidades para las mujeres y niñas, y tratando de pasar la página tras varias décadas de guerra.

Por supuesto que todavía existen enormes desafíos. Esto es solo el inicio –pero no el final– de nuestro esfuerzo por llevar esta guerra a su fin. Debemos realizar la difícil labor de retener los logros que hemos alcanzado a la vez que reducimos nuestras fuerzas y le entregamos al pueblo afgano la responsabilidad por la seguridad. Y en mayo, en Chicago, realizaremos una cumbre con nuestros aliados y socios de la OTAN para definir la próxima fase de esta transición.

Lo que sí sabemos es que sin un acuerdo político no puede haber paz en un territorio que ha visto tantas guerras. Por lo tanto, a la vez que reforzamos las Fuerzas de Seguridad del gobierno afgano, Estados Unidos se sumará a campañas por la reconciliación del pueblo afgano, en las que se incluirá al Talibán. Nuestra posición sobre estas conversaciones es clara: las debe dirigir el gobierno afgano, y quienes quieren ser parte de un Afganistán pacífico deben romper con Al Qaida, abandonar la violencia y respetar la constitución de Afganistán. Pero debido en parte a nuestro esfuerzo militar, tenemos motivo para creer que se pueden alcanzar logros.

El objetivo que tenemos se puede alcanzar y se puede expresar de manera simple: no habrá refugio desde el cual Al Qaida o sus afiliados puedan lanzar ataques contra nuestro territorio o nuestros aliados. No trataremos de hacer que Afganistán sea un lugar perfecto. No patrullaremos sus calles ni montañas indefinidamente. Esa es la responsabilidad del gobierno afgano, que debe aumentar su capacidad de proteger a su gente y pasar de una economía moldeada por la guerra a una que pueda sustentar una paz perdurable. Lo que podemos hacer y haremos será forjar una sólida alianza con el pueblo afgano que asegure que podamos seguir yendo en pos de los terroristas y apoyando al gobierno soberano de Afganistán.

Por supuesto que nuestros esfuerzos también deben lidiar con los refugios terroristas en Pakistán. No hay país más afectado por la presencia de extremistas violentos, motivo por el cual continuaremos presionando a Pakistán para que aumente su participación en afianzar un futuro más pacífico para esta región desgarrada por la guerra. Colaboraremos con el gobierno de Pakistán para arrancar de raíz el cáncer del extremismo violento e insistiremos en que cumpla sus promesas. Que no quepa la menor duda de que mientras sea Presidente, Estados Unidos nunca tolerará un refugio para quienes se proponen matarnos: no podrán eludirnos ni evitar ser llevados ante la justicia como lo merecen.

Conciudadanos: esta ha sido una década difícil para nuestro país. Las lecciones aprendidas no son nuevas: el gran costo de la guerra –costo pagado por casi 4,500 estadounidenses que perdieron la vida en Irak y más de 1,500 en Afganistán–, hombres y mujeres que no podrán gozar de la libertad que defendieron. Miles más fueron heridos. Algunos han perdido extremidades en el campo de batalla y otros aún luchan contra los demonios que los siguieron a casa.

Sin embargo, esta noche, nos reconforta saber que las sombras de la guerra se están alejando. Menos de nuestros hijos e hijas luchan en lugares peligrosos. Hemos concluido nuestra misión de combate en Irak y 100,000 soldados estadounidenses ya han salido de ese país. Y a pesar de que todavía habrá días funestos en Afganistán, se puede ver la luz de una paz segura a la distancia. Estas largas guerras llegarán de manera responsable a su fin.

Mientras esto sucede debemos aprender sus lecciones. Esta década de guerra ya ha causado que muchos hagan preguntas sobre el carácter de la participación por Estados Unidos en el mundo. Hay quienes quisieran que Estados Unidos deje de cumplir con su responsabilidad como piedra angular de la seguridad mundial y adopte un aislamiento que haga caso omiso de las amenazas muy reales que enfrentamos. Otros quisieran que Estados Unidos abarque demasiado y que enfrente cada mal que se puede encontrar en el extranjero.

Debemos trazar un curso más centrado. Como las generaciones previas, debemos aceptar la función singular de Estados Unidos en el curso de la historia de la humanidad. Pero nuestras pasiones deben ir de la mano de nuestro pragmatismo; y nuestra determinación de la mano de la estrategia. Cuando nos amenazan, debemos responder con fuerza, pero cuando es posible enfocar esa fuerza, no es necesario que movilicemos grandes ejércitos al extranjero. Cuando se mata a inocentes y se pone en peligro la seguridad mundial, no es necesario que decidamos entre permanecer cruzados de brazos o actuar solos. Más bien, debemos promover la acción internacional, lo que estamos haciendo en Libia, donde no tenemos a ningún soldado en el terreno, pero estamos apoyando a aliados para proteger al pueblo libio y darle la oportunidad de determinar su destino.

Con todo lo que hacemos, debemos recordar que lo que distingue a Estados Unidos no es solamente nuestro poderío, sino los principios de la fundación de nuestro país. Somos una nación que lleva a sus enemigos ante la justicia mientras se rige por el imperio de la ley y respeta los derechos de todos nuestros ciudadanos. Protegemos nuestra propia libertad y prosperidad al extendérselas a otros. No representamos el imperialismo sino la autodeterminación. Por eso tenemos un interés en las aspiraciones democráticas que está surgiendo en todo el mundo árabe. Apoyaremos esas revoluciones con fidelidad a nuestros ideales, con el poder de nuestro ejemplo y con una firme convicción de que todos los seres humanos merecen vivir con libertad y dignidad.

Por encima de todo, somos una nación cuyo poderío en el extranjero ha tenido como fundamento las oportunidades de nuestros ciudadanos dentro del país. En la última década, hemos gastado un billón de dólares en la guerra, en un momento de incremento de la deuda y dificultades económicas. Ahora debemos invertir en el mayor recurso de Estados Unidos: nuestro pueblo. Debemos dar rienda suelta a la innovación que genera nuevos empleos sectores industriales a la vez que vivimos dentro de nuestras posibilidades. Debemos reconstruir nuestra infraestructura y encontrar nuevas fuentes de energía limpia. Y más que nada, tras una década de debate acalorado, debemos recuperar el propósito común que compartíamos al inicio de este período de guerra, pues nuestra nación deriva su fortaleza de nuestras diferencias, y cuando nuestra nación es fuerte, ningunacolina es demasiado empinada ni ningún horizonte está fuera de nuestro alcance.

Estados Unidos: es hora de concentrarnos en el desarrollo de nuestra nación.

En este esfuerzo, nos sirven de inspiración nuestros conciudadanos que han sacrificado tanto a favor nuestro. A nuestros soldados, nuestros veteranos y sus familias, les hablo en nombre de todos los estadounidenses cuando digo que cumpliremos nuestro compromiso sagrado con ustedes y les proporcionaremos el cuidado, los beneficios y las oportunidades que merecen.

Conocí a algunos de esos estadounidenses patrióticos en Fort Campbell. Hace un tiempo hablé ante la 101º División Aerotransportada, que ha luchado para revertir la situación en Afganistán, y al equipo que eliminó a Osama bin Laden. Parado ante una maqueta del complejo de bin Laden, el miembro de los Navy SEALS que dirigió nuestro esfuerzo rindió homenaje a los caídos: hermanos y hermanas combatientes cuyos nombres ahora están escritos en las bases desde las cuales nuestras tropas nos defienden en el extranjero y las lápidas en plácidos rincones de nuestro país donde nunca pasarán al olvido. Este oficial –como muchos otros que he conocido en las bases en Bagdad y Bagram, Walter Reed y el Hospital Naval de Bethesda–, habló con humildad de cómo su unidad actuó como un solo hombre: se apoyaron unos a otros y confiaron entre sí, como lo haría una familia en momentos peligrosos.

Vale la pena recordar que todos somos parte de la familia estadounidense. A pesar de que hemos tenido desacuerdos y divisiones, nos une la doctrina que está escrita en los documentos de nuestra fundación y la convicción de que Estados Unidos de Norteamérica es un país que puede lograr cualquier cosa que se proponga. Ahora concluyamos la labor ante nosotros. Llevemos estas guerras a su fin de manera responsable y recobremos el Sueño Americano que es el núcleo de nuestra historia. Con confianza en nuestra causa; con fe en nuestros conciudadanos y con esperanza en el corazón, dediquémonos a la labor de extender la promesa de Estados Unidos a esta generación y a la próxima. Que Dios bendiga a nuestros soldados. Y que Dios bendiga a Estados Unidos de Norteamérica.

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THE WHITE HOUSE
Office of the Press Secretary
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June 22, 2011
Remarks of President Barack Obama
On the Way Forward in Afghanistan
Washington, D.C.
June 22, 2011

Good evening. Nearly ten years ago, America suffered the worst attack on our shores since Pearl Harbor. This mass murder was planned by Osama bin Laden and his al Qaeda network in Afghanistan, and signaled a new threat to our security – one in which the targets were no longer soldiers on a battlefield, but innocent men, women and children going about their daily lives.

In the days that followed, our nation was united as we struck at al Qaeda and routed the Taliban in Afghanistan. Then, our focus shifted. A second war was launched in Iraq, and we spent enormous blood and treasure to support a new government there. By the time I took office, the war in Afghanistan had entered its seventh year. But al Qaeda’s leaders had escaped into Pakistan and were plotting new attacks, while the Taliban had regrouped and gone on the offensive. Without a new strategy and decisive action, our military commanders warned that we could face a resurgent al Qaeda, and a Taliban taking over large parts of Afghanistan.

For this reason, in one of the most difficult decisions that I’ve made as President, I ordered an additional 30,000 American troops into Afghanistan. When I announced this surge at West Point, we set clear objectives: to refocus on al Qaeda; reverse the Taliban’s momentum; and train Afghan Security Forces to defend their own country. I also made it clear that our commitment would not be open-ended, and that we would begin to drawdown our forces this July.

Tonight, I can tell you that we are fulfilling that commitment. Thanks to our men and women in uniform, our civilian personnel, and our many coalition partners, we are meeting our goals. As a result, starting next month, we will be able to remove 10,000 of our troops from Afghanistan by the end of this year, and we will bring home a total of 33,000 troops by next summer, fully recovering the surge I announced at West Point. After this initial reduction, our troops will continue coming home at a steady pace as Afghan Security forces move into the lead. Our mission will change from combat to support. By 2014, this process of transition will be complete, and the Afghan people will be responsible for their own security.

We are starting this drawdown from a position of strength. Al Qaeda is under more pressure than at any time since 9/11. Together with the Pakistanis, we have taken out more than half of al Qaeda’s leadership. And thanks to our intelligence professionals and Special Forces, we killed Osama bin Laden, the only leader that al Qaeda had ever known. This was a victory for all who have served since 9/11. One soldier summed it up well. “The message,” he said, “is we don’t forget. You will be held accountable, no matter how long it takes.”

The information that we recovered from bin Laden’s compound shows al Qaeda under enormous strain. Bin Laden expressed concern that al Qaeda has been unable to effectively replace senior terrorists that have been killed, and that al Qaeda has failed in its effort to portray America as a nation at war with Islam – thereby draining more widespread support. Al Qaeda remains dangerous, and we must be vigilant against attacks. But we have put al Qaeda on a path to defeat, and we will not relent until the job is done.

In Afghanistan, we’ve inflicted serious losses on the Taliban and taken a number of its strongholds. Along with our surge, our allies also increased their commitments, which helped stabilize more of the country. Afghan Security Forces have grown by over 100,000 troops, and in some provinces and municipalities we have already begun to transition responsibility for security to the Afghan people. In the face of violence and intimidation, Afghans are fighting and dying for their country, establishing local police forces, opening markets and schools, creating new opportunities for women and girls, and trying to turn the page on decades of war.

Of course, huge challenges remain. This is the beginning – but not the end – of our effort to wind down this war. We will have to do the hard work of keeping the gains that we have made, while we drawdown our forces and transition responsibility for security to the Afghan government. And next May, in Chicago, we will host a summit with our NATO allies and partners to shape the next phase of this transition.

We do know that peace cannot come to a land that has known so much war without a political settlement. So as we strengthen the Afghan government and Security Forces, America will join initiatives that reconcile the Afghan people, including the Taliban. Our position on these talks is clear: they must be led by the Afghan government, and those who want to be a part of a peaceful Afghanistan must break from al Qaeda, abandon violence, and abide by the Afghan Constitution. But, in part because of our military effort, we have reason to believe that progress can be made.

The goal that we seek is achievable, and can be expressed simply: no safe-haven from which al Qaeda or its affiliates can launch attacks against our homeland, or our allies. We will not try to make Afghanistan a perfect place. We will not police its streets or patrol its mountains indefinitely. That is the responsibility of the Afghan government, which must step up its ability to protect its people; and move from an economy shaped by war to one that can sustain a lasting peace. What we can do, and will do, is build a partnership with the Afghan people that endures – one that ensures that we will be able to continue targeting terrorists and supporting a sovereign Afghan government.

Of course, our efforts must also address terrorist safe-havens in Pakistan. No country is more endangered by the presence of violent extremists, which is why we will continue to press Pakistan to expand its participation in securing a more peaceful future for this war-torn region. We will work with the Pakistani government to root out the cancer of violent extremism, and we will insist that it keep its commitments. For there should be no doubt that so long as I am President, the United States will never tolerate a safe-haven for those who aim to kill us: they cannot elude us, nor escape the justice they deserve.

My fellow Americans, this has been a difficult decade for our country. We have learned anew the profound cost of war -- a cost that has been paid by the nearly 4500 Americans who have given their lives in Iraq, and the over 1500 who have done so in Afghanistan – men and women who will not live to enjoy the freedom that they defended. Thousands more have been wounded. Some have lost limbs on the field of battle, and others still battle the demons that have followed them home.

Yet tonight, we take comfort in knowing that the tide of war is receding. Fewer of our sons and daughters are serving in harm’s way. We have ended our combat mission in Iraq, with 100,000 American troops already out of that country. And even as there will be dark days ahead in Afghanistan, the light of a secure peace can be seen in the distance. These long wars will come to a responsible end.

As they do, we must learn their lessons. Already this decade of war has caused many to question the nature of America’s engagement around the world. Some would have America retreat from our responsibility as an anchor of global security, and embrace an isolation that ignores the very real threats that we face. Others would have America over-extend ourselves, confronting every evil that can be found abroad.

We must chart a more centered course. Like generations before, we must embrace America’s singular role in the course of human events. But we must be as pragmatic as we are passionate; as strategic as we are resolute. When threatened, we must respond with force – but when that force can be targeted, we need not deploy large armies overseas. When innocents are being slaughtered and global security endangered, we don’t have to choose between standing idly by or acting on our own. Instead, we must rally international action, which we are doing in Libya, where we do not have a single soldier on the ground, but are supporting allies in protecting the Libyan people and giving them the chance to determine their destiny.

In all that we do, we must remember that what sets America apart is not solely our power – it is the principles upon which our union was founded. We are a nation that brings our enemies to justice while adhering to the rule of law, and respecting the rights of all our citizens. We protect our own freedom and prosperity by extending it to others. We stand not for empire, but for self-determination. That is why we have a stake in the democratic aspirations that are now washing across the Arab World. We will support those revolutions with fidelity to our ideals, with the power of our example, and with an unwavering belief that all human beings deserve to live with freedom and dignity.

Above all, we are a nation whose strength abroad has been anchored in opportunity for our citizens at home. Over the last decade, we have spent a trillion dollars on war, at a time of rising debt and hard economic times. Now, we must invest in America’s greatest resource – our people. We must unleash innovation that creates new jobs and industry, while living within our means. We must rebuild our infrastructure and find new and clean sources of energy. And most of all, after a decade of passionate debate, we must recapture the common purpose that we shared at the beginning of this time of war. For our nation draws strength from our differences, and when our union is strong no hill is too steep and no horizon is beyond our reach.

America, it is time to focus on nation building here at home.

In this effort, we draw inspiration from our fellow Americans who have sacrificed so much on our behalf. To our troops, our veterans and their families, I speak for all Americans when I say that we will keep our sacred trust with you, and provide you with the care, and benefits, and opportunity that you deserve.

I met some of those patriotic Americans at Fort Campbell. A while back, I spoke to the 101st Airborne that has fought to turn the tide in Afghanistan, and to the team that took out Osama bin Laden. Standing in front of a model of bin Laden’s compound, the Navy SEAL who led that effort paid tribute to those who had been lost – brothers and sisters in arms whose names are now written on bases where our troops stand guard overseas, and on headstones in quiet corners of our country where their memory will never be forgotten. This officer - like so many others I have met with on bases, in Baghdad and Bagram, at Walter Reed and Bethesda Naval Hospital – spoke with humility about how his unit worked together as one – depending on each other, and trusting one another, as a family might do in a time of peril.

That’s a lesson worth remembering – that we are all a part of one American family. Though we have known disagreement and division, we are bound together by the creed that is written into our founding documents, and a conviction that the United States of America is a country that can achieve whatever it sets out to accomplish. Now, let us finish the work at hand. Let us responsibly end these wars, and reclaim the American Dream that is at the center of our story. With confidence in our cause; with faith in our fellow citizens; and with hope in our hearts, let us go about the work of extending the promise of America – for this generation, and the next. May God bless our troops. And may God bless the United States of America.

martes, 31 de mayo de 2011

Cruda realidad fiscal colonial

Por Hernán Padilla

El Presupuesto para el año fiscal 2011-12 nos brinda la oportunidad de entender cuán limitados son los recursos de fondos locales para atender las necesidades y las aspiraciones del pueblo puertorriqueño. La situación fiscal es más compleja de lo que se percibe.

El Fondo General recibe $8,650 millones de contribuyentes y negocios en la Isla. De ese total, la contribución sobre ingresos de individuos ascendió a $2.574 millones, solo el 25% de todos los ingresos recibidos.

Ante esa realidad, necesitamos considerar el impacto de los fondos y los programas federales sobre la economía en Puerto Rico.

Los fondos para servicios sociales, protección de la familia y servicios a la niñez merecen escrutinio. La Administración de Desarrollo Socioeconómico de la Familia recibe $2,090,687,000 en fondos federales, lo que representa el 95.5% de su presupuesto. Sin esa ayuda federal no se recibirían $2,091 millones para el Programa de Asistencia Nutricional (PAN), $87 millones para ayuda temporal para familias necesitadas ni $5.6 millones para la rehabilitación económica de la familia.

Para describir cuán dependientes somos de los contribuyentes del norte, basta con señalar que la Administración de Familias y Niños recibe $54 millones para servicios del bienestar de los niños y el 95.2% del presupuesto de la Administración para el Cuidado y Desarrollo Integral de la Niñez (ACUDEN), $184.5 millones provienen de fondos federales. La Administración para el Sustento de Menores, depende de $41 millones de fondos federales, 74% de su presupuesto total.

Los servicios de salud no se quedan atrás. La Administración de Servicios de Salud recibe $993 millones de Medicaid y Título XIX para los programas de asistencia médica; la Administración de Servicios de Salud Mental y contra la Adicción (ASSMCA) recibe $35 millones; y el Departamento de Salud $476 millones. Educación va por el mismo camino. El 81% del presupuesto de la Administración de Rehabilitación Vocacional proviene de fondos federales ($72.7 millones), los servicios del Departamento de Educación dependen de $1,404 millones federales y la UPR recibe $305 millones en ayuda federal.

Sin hacer un desglose, es obvio que el gobierno federal subsidia la sociedad puertorriqueña mediante más de 300 programas federales. Los subsidios y donaciones han sido muy buenos para Puerto Rico, especialmente para los ciudadanos más necesitados. Hemos dado la lucha para que nos traten en condición de igualdad con los otros ciudadanos de los Estados Unidos. La realidad es que los contribuyentes de los cincuenta estados subsidian nuestra economía, la infraestructura y la función gubernamental.

Las transferencias federales suman más de $21,000 millones al año, incluyendo $7,500 millones de subsidios al Gobierno central para brindar servicios esenciales a toda la ciudadanía; $4,412 millones en otros pagos directos a los individuos y $1,176 millones en pagos de salarios y contratos de las agencias federales en Puerto Rico. Como ciudadanos americanos, pagamos $3,557 millones anualmente por contribuciones para la red de seguridad social, Seguro Social, Medicare y Seguro por Desempleo al gobierno federal. A cambio, recibimos $7,700 millones en beneficios de seguro social, retiro e incapacidad.

A pesar de las masivas ayudas y transferencias federales, las cifras de abril del 2011 del Departamento del Trabajo confirman que de una población no-institucional de 3,139,000 solo 1,266,000 personas buscan empleo y solo 1,061,000 estaban empleados.

Para complicar más la situación económica, la crisis fiscal que afecta a los Estados Unidos obligará al Congreso a tomar medidas que pueden tener un impacto negativo sobre los fondos federales destinados a Puerto Rico. La ayuda unilateral no va a durar para siempre. Tenemos que cambiar la dirección de nuestra economía. Es necesario buscar nuevas estrategias políticas, fiscales y económicas.

El experimento político y modelo colonial del ELA ha sido un fracaso económico. Urge resolver el estatus de Puerto Rico.

domingo, 29 de mayo de 2011

The vicious circle of tornadoes

By Kenneth D. McClintock

This spring, a record number of tornadoes has killed a record number of victims, not only in the traditional tornado-alley of the midwest, but in the south and eastern seaboard of the United States, as well. As always, the President shows up to view the damage and hug a few victims and FEMA provides not only immediate assistance but billions of dollars to reconstruct that which has been lost.

In Puerto Rico, FEMA doesn't allow flood victims to reconstruct in floodable, low-lying areas. The federal agency also requires that destroyed wooden homes be rebuilt in concrete. However, those common-sensical rules in Puerto Rico are lost when FEMA alllows wooden homes to be reconstructed in wood back in the tornado-alleys of the nation. As a result, property insurance policy-holders throughout the nation pay for that mistake.

This year's record-high toll---in damages and deaths---should lead FEMA and the Federal government to do away with penny-wise, pound-fooloish building codes and start requiring rebuilding in concrete and steel, rather than wood, unsupported brick, cardboard roof shingles, superficial stucco and cardboard.

While it is more costly initially to build in weather-insulated concrete and steel, in the long-run, lower insurance premium rates and lower FEMA expenditures will save money, and the sturdier construction will save lives.

In Puerto Rico, every meteorological disaster has strengthened Puerto Rico against future disasters, and that strengthening is resulting in lower FEMA expenditures, lower insurance premiums and fewer lives lost in hurricanes and other weather-related events. In Puerto Rico, we don't use wood; we use concrete. In Puerto Rico we don't use unsupported brick, but concrete-reinforced walls that may be decorated with brick. In Puerto Rico, we don't use decorative stucco to hide the fact that there's only wood and cardboard behind; we use concrete plaster to hide reinforced concrete bricks or poured concrete walls. In Puerto Rico, we don't replace wooden roofs every ten or twenty years nor replace cardboard shingles every few years; we build concrete roofs that never require replacing.

The richest nation in the world should start investing as much in structurally-sound construction as its poorest territory invests.

viernes, 13 de mayo de 2011

Por un trato justo en Washington

Pedro R. Pierluisi - Comisionado Residente


Representar a Puerto Rico en el Congreso de los Estados Unidos es una responsabilidad muy importante. Los intereses de nuestra isla en Washington tienen que ser velados a diario ya que el trabajo congresional impacta a los puertorriqueños en todos los frentes.

Desde el primer día de mi gestión en la capital federal comencé a luchar por la inclusión de Puerto Rico en el histórico Plan de Estímulo del Presidente Obama. Los logros obtenidos bajo la ley ARRA todavía están haciéndose sentir en nuestra isla con una inversión federal asignada de sobre $7 mil millones a todas las dependencias gubernamentales, instituciones sin fines de lucro y pagos a individuos. En el año fiscal 2009-2010 Puerto Rico recibió sobre $2,800 millones en fondos federales nuevos y en el año fiscal actual ya se han gastado más de $2,000 millones más. Este dinero ha generado sobre 48,000 empleos en los pasados dos años y ha logrado proteger los trabajos de decenas de miles de puertorriqueños. Y el estímulo federal continuará fortaleciendo nuestra economía por varios años hasta que concluyan los desembolsos pendientes.

La salud pública es otra área en la que hemos tenido grandes logros. La reforma de salud federal aprobada el año pasado triplicará los fondos federales para la salud en Puerto Rico durante los próximos ocho años. La ardua batalla para ese aumento incluyó llevar el reclamo de nuestro pueblo directamente al Presidente Obama. Este histórico incremento en fondos ha permitido a nuestro gobierno ampliar y mejorar la cubierta bajo el nuevo programa MiSalud, añadiendo a más de 100,000 beneficiarios e incluyendo nuevos servicios y tratamientos. Esto nos encamina a nuestra meta de que en Puerto Rico todos tengan un seguro de salud adecuado.

En el tema del estatus hemos visto grandes avances que adelantan la resolución de este centenario problema. La aprobación del H.R. 2499 en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por el margen sin precedente de 54 votos, la carta de los líderes de la Comisión de Energía y Recursos del Senado federal, los Senadores Bingaman y Murkowski, confirmando que debemos expresarnos en un plebiscito y que sólo existen las opciones identificadas en el H.R. 2499, y el Informe de Casa Blanca avalando un proceso plebiscitario en Puerto Rico y reconociendo esas mismas opciones enmarcaron los eventos que nos llevarán a que Puerto Rico vuelva a expresarse sobre este tema de la forma más democrática: en las urnas.

El Informe de la Casa Blanca también respondió a nuestros reclamos de mayor apoyo del gobierno federal a nuestra lucha contra el crimen, la aplicación completa del "child tax credit" en la isla, mayor acceso a fondos federales y un plan verde para Vieques, entre otras recomendaciones.

Y es que en Washington y en Puerto Rico hemos trabajado todos los temas que atañen a la calidad de vida de los puertorriqueños. Por ejemplo, la agresiva defensa del programa federal de devolución de arbitrios del ron, luego del acuerdo entre las Islas Vírgenes y la empresa DIAGEO a mediados del 2008, nos ha llevado a presentar legislación que protegerá los fondos que recibe nuestra isla, limitando razonablemente los incentivos que puedan recibir los productores del ron.

La lucha a favor de nuestros veteranos incluye haber logrado una directriz congresional para que el Departamento de la Defensa ofrezca el programa TRICARE Prime a los veteranos puertorriqueños, asignaciones extraordinarias para las mejoras en curso al Hospital de Veteranos en San Juan, la apertura o expansión de las clínicas regionales de la Administración de Veteranos en la isla, el futuro establecimiento de un Centro de Salud para nuestros veteranos del área sur y la ampliación del Cementerio Nacional, entre muchas otras medidas.

Por otro lado, hemos conseguido grandes asignaciones para proyectos del Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos en Puerto Rico, hemos logrado incluir una disposición en la Ley de Reautorización de la Defensa a favor de la limpieza de la Playa Flamenco en Culebra, y hemos tenido una altísima productividad legislativa con 21 proyectos de ley presentados y 388 co-auspiciados, con varias medidas que tienen buena probabilidad de ser aprobadas, tales como el programa de intercambio de maestros, el aumento en el número de nominaciones para Academias Militares, y el programa de reclutamiento y retención de oficiales de ley y orden en áreas de alta incidencia criminal.

Asimismo, hemos visitado y atendido a la gran mayoría de los municipios de la isla, realizado foros para los alcaldes con agencias federales como el Cuerpo de Ingenieros y la USDA Rural Development, efectuado foros para empresarios con miras a que aumente su participación en contrataciones federales, creado un Comité Asesor Agrícola y auspiciado actividades con la USDA Farm Service Agency a favor de esa industria.

En fin, el cargo de Comisionado Residente es muy importante para el bienestar de los puertorriqueños porque todos los días hay que abogar por un trato justo en Washington.

jueves, 12 de mayo de 2011

Colegiación como opción

Por José Aponte Hernández
Legislados y ex- Presidente de la Cámara de Representantes

En busca de garantizar el derecho constitucional a la libertad de asociación y respondiendo al reclamo de muchos trabajadores, el pasado 11 de abril, este servidor y la representante Liza Fernández Rodríguez, radicamos un paquete de medidas encaminadas a eliminar la entrada obligatoria a grupos técnicos y profesionales.

Nuestra intención en todo momento ha sido darles opciones a estos profesionales a que sean ellos los que decidan si se quieren unir a sus respectivos colegios y no el Gobierno. Bajo ninguna circunstancia se puede interpretar este paquete de medidas como un intento de eliminar los colegios. Al contrario, estas medidas podrían resultar en un fortalecimiento de los mismos ya que se verían obligados a mejorar sus ofrecimientos para mantener sus respectivas matrículas.

Los proyectos de la Cámara 3316 al 3326 proponen eliminar la colegiación compulsoria a los actores, barberos, contadores públicos, profesionales de la enfermería, farmacéuticos, mecánicos y técnicos automotrices, nutricionistas, electricistas, plomeros y técnicos de refrigeración, cuyas profesiones no son reguladas por sus respectivos colegios, sino por las respectivas juntas examinadoras adscritas a la Rama Ejecutiva, entiéndase el Departamento de Estado o el Departamento de Salud.

De la misma manera que la persona elige libremente pertenecer a un partido político u organización cívica, o escoge profesar una religión, también debe tener la libertad de pertenecer a la asociación u organización profesional que prefiera. Entendemos que los colegios deben servir como órganos para defender los intereses de la profesión y a la vez ofrecer mecanismos y programas para mejorar la profesión y las condiciones de trabajo de sus miembros.

Nosotros apoyamos los colegios profesionales, pero bajo la premisa de que los profesionales tengan la libertad de decidir si quieren unirse a ellos, como es garantizado por las cláusulas de libertad de asociación en la Primera Enmienda de Constitución de Estados Unidos y en el Artículo II de la Constitución de Puerto Rico. La colegiación debe ser una opción, no una imposición.

martes, 10 de mayo de 2011

A reconstruir lo destruido por otros

Mensaje del Secretario de Estado de Puerto Rico
Hon. Kenneth McClintock Hernández
Salón de la Fama de la
Agricultura Puertorriqueña
6 de mayo de 2011

Amigas y Amigos…

Agradezco al Gobernador de Puerto Rico, honorable Luis Fortuño, la oportunidad que me ha brindado de, junto a mi amigo, nuestro Secretario de Agricultura Javier Rivera Aquino, representarlo esta noche, en ocasión de inaugurarse el Salón de la Fama de la Agricultura Puertorriqueña.

En la década de los años '40 y '50 el Gobierno de Puerto Rico adoptó una política pública para desarrollar a la industria de la manufactura como principal fuente de empleo, sustituyendo a la industria agrícola azucarera que hasta entonces lo había sido. El cambio abrupto fue devastador en nuestra zona rural, creándose un agudo desempleo y la desestabilización de la estructura económica industrial de una Isla acostumbrada a ser una de las principales fuentes de producción y exportación de azúcar del mundo entero. Entre 1951 a 1968, 17 centrales azucareras cerraron operaciones en Puerto Rico.

El "tiempo muerto" de inactividad laboral que se daba entre zafras, se hizo eterno, y ante la ausencia de una estrategia agrícola con la que enfrentar aquella debacle, el gobierno se inventó una solución dramática y traumática. Decenas de miles de trabajadores de la caña —sin otra destreza que la de la siembra, la zafra y la molienda— fueron empaquetados en masa, emigrados por el gobierno hacia las fincas de tomate y remolachas de los Estados Unidos Continentales, desarraigados de sus familias y comunidades, sin que siquiera se les diera un cursito elemental de Inglés conversacional.

En Puerto Rico padecemos de memoria histórica deficiente. En los últimos dos años se repite al cansancio que las reducciones de personal gubernamental provocados por el menoscabo presupuestario del gobierno, se constituye en el peor momento de crisis laboral de nuestra historia. Los que así lo expresan hábilmente olvidaron sus raíces, de cuando el gobierno creó a la diáspora puertorriqueña en el Norte, .degradando la industria agrícola boricua y exportando a la mano de obra recién desempleada, sin preparación, al continente

Lo trágico de las decisiones de aquel tiempo es que la industrialización de Puerto Rico pudo haberse dado sin el alto precio de abandonar nuestra industria agrícola… de aquello, la agricultura puertorriqueña jamás ha podido recuperarse.

De entonces a hoy, hemos ensayado múltiples estrategias con las que revivirla; reformas agrarias, programas pilotos, métodos experimentales; hmos importado buenas ideas hasta de Israel; tenemos una reserva agrícola en el Valle de Lajas donde apenas se siembra; tuvimos grandes sembradíos de piña pero ahora importamos el jugo o lo elaboramos con materia prima foránea; sembramos camarones en charcas artificiales, las abandonamos, y seguimos consumiendo camarones asiáticos.

Lo único alentador en este panorama, es la experiencia de los últimos años. Los tiempos malos invitan a la reflexión y a la enmienda. En España, como sucedió en Puerto Rico, los trabajadores abandonaron los campos, se mudaron a la ciudad y dejaron el sudor agrícola a los trabajadores inmigrantes. Ahora hay más de cuatro millones de "parados" en España… muchos están regresando a los campos, a reclamar sus antiguos empleos.

La buena noticia es que en Puerto Rico se ha visto surgir una nueva generación de agricultores encabezados por un joven pero conocedor agrónomo, Javier Rivera Aquino, dispuestos a rescatar terrenos fértiles en desuso y ampliar nuestra oferta de productos agrícolas. Lo que ha sucedido en la región sureste es un buen ejemplo del éxito que podemos alcanzar, desarrollando una política pública sensata que dé nueva vida a la agricultura puertorriqueña. La industria cafetalera sigue teniendo problemas serios en su etapa de recogido del grano pero la sapiencia y destreza de los viejos caficultores puertorriqueños ha sido buena herencia para una nueva generación que ha comprobado que, a base de calidad, se compite y se gana dinero.

Nuestra Administración ha tenido las manos llenas enderezando las finanzas del gobierno, superando el déficit presupuestario que amenazó reducirnos a la quiebra colectiva y creando conciencia de que el gobierno no puede seguir gastando más de lo que recibe. Esta agenda de esfuerzo para enderezar a Puerto Rico no excluye sino que, por lo contrario, incluye el fortalecimiento de la agricultura puertorriqueña.

Como adelantó el gobernador Fortuño en su mensaje sobre la situación del Estado recientemente, nuestro joven Secretario de Agricultura tiene el total y absoluto respaldo de su Administración en la implantación de un agresivo programa de fomento agrícola. Parafraseando una conocida sentencia bíblica y anticipando la suspicacia que por la experiencia pasada provoca el anuncio de otra iniciativa agrícola, yo hoy les digo: "Por sus frutos los conoceréis".

Apenas esta mañana, me reuní con una emprea local que quiere ayudar a fincas agrícolas pequeñas a sobrevivir, para lo cual ha completado un proyecto piloto que confirma que se pueden dar un sinnúmero de cosechas hidropónicas que incluyen frutas y vegetales todo el año en torres verticales.

Estas torres hidropónicas de siembras orgánicas pueden ser manufacturadas en fábricas puertorriqueñas, con mano de obra puertorriqueña. Usando energía solar renovable, eliminando el uso costoso del petróleo, le dan uso a agua reciclada.

Nuevas tecnologías como éstas y otras pueden crear un sector agrícola cada vez más competitivo. Esta tecnología fue producto de jóvenes de la Universidad del Turabo, la Universidad de Puerto Rico y la Universidad de Illinois. Esto es otra muestra de cómo podemos cultivar una parte importante del futuro, al exportar maquinaria, tecnología y alimentos a otros, espeialmente al Caribe. Iniciativas como éstas pronto estarán levantando capital privado para expandirse.

Nuestra administración apoya iniciativas,innovadoras y costo-efectivas, no solo por el gran potencial que representa para nuestra agricultura sino porque puede representar la creación de miles de empleos en Puerto Rico.

Finalmente, por todo lo anteriormente dicho, lo que hoy aquí sucede es un acto de justicia. Los agricultores puertorriqueños que hoy son exaltados al Salón de la Fama de la Agricultura Puertorriqueña fueron héroes que enfrentaron la adversidad de la mala política gubernamental, que sobrevivieron al tiempo malo y convirtieron el fracaso en éxito. A ésos primeros doce familias e individuos, agricultores puertorriqueños, que hoy reciben este honor y reconocimiento de sus pares, a nombre del Gobernador y del Pueblo de Puerto Rico, nuestro respeto, nuestro agradecimiento… nuestra admiración.

Muchas gracias.